La gente cambia. Todos cambiamos.
Es algo imperceptible a corto plazo, pero el cambio siempre está presente. Lo está en cada pequeña decisión del día a día, tras acontecimientos importantes que nos marcan de por vida, lo está cuando observamos una flor marchitarse.
Los cambios están presentes cuando un profesor te grita y cuando otro te abraza, cuando un compañero del cole no te deja jugar con él y cuando otro te invita a hacerlo. Los cambios están cuando das el paso hacia el instituto, cuando todo se vuelve íntegramente superficial y, también, cuando todo deja de serlo.
Está en cada taza de chocolate que has compartido con tus seres queridos, en cada corazón roto, en cada lagrima derramada. Cuando te diste cuenta de que una amiga, en realidad, no lo era tanto. Cuando te enfrentaste a tomar dos caminos diferentes y te preguntas qué hubiese pasado si no hubieses escogido este.
El cambio está cuando fallece un abuelo y la casa se torna gris. Cuando adoptas a un gatito o un perrito, cuando sales al parque a jugar y te abres la barbilla por no hacer caso a mamá. El cambio está tras ese juguete roto por el que lloraste a mares, por el otro que le prestaste a un amigo y nunca te lo devolvió.
El cambio está cuando te abruma la vida adulta y sientes que te han vendido una mentira. Cuando empiezan a irse las personas de tu lado, cuando las amistades toman rumbos diferentes, cuando todo ya depende más de ti que de tus padres.
El cambio está cuando descubres que la salud es lo más importante y que tener más o menos ropa en el armario importa lo mismo que un billete de seis euros. Cuando pasas un duelo o cuando estás en él, cuando el valor del por qué estás respirando no hace más que crecer y cuando tu vida se abre en mil caminos entre los cuales no quieres escoger.
La gente cambia. Todos cambiamos. Y cada uno de esos cambios siempre formará parte de tu ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario