Querido diario de internet: No puedo dejar de jugar a un juego que me daba pánico. Llevo dos semanas haciendo directos del Subnautica, un videojuego que abrí hace un par de años y cerré a los cinco minutos porque me dio pánico.
Al parecer, estás en una gran nave visitando un planeta alienígena pero por extrañas circunstancias que conoces más adelante, tu nave acaba estrellándose y tú sales de ella en una baliza.
Y en esa baliza empieza todo.
Cuando te toca salir de ella y subes unas escaleras, la imagen para mí es terrorífica: ves tu nave estrellada en medio de un inmenso océano.
Para ti quizá es una tontería pero, cuando abrí el videojuego por primera vez, tuve la genial idea de nadar hasta la nave estrellada. No leí los diálogos, no leí las misiones, simplemente me lancé al mar. Grave error, amiga. Morí. Sí, porque es lo que tiene estar en medio de un océano con criaturas alienígenas. Chica, es que de verdad.
En ese momento y tras un susto del que casi no me recupero, metí un altF4 (básicamente, cerré el juego de golpe). En mi cabeza resonó un: nunca más voy a abrir este juego del demonio.
A mí el océano me da pánico. Aunque todos los veranos me lance a rescatar colchonetas perseguidas sin éxito por algún que otro niño o niña, no puedo ser consciente de que estoy en el mar y no hago pie. De que no sé qué tengo debajo de mí. Y eso me pasó en una ocasión, de hecho, hará uno o dos años. Estaba nadando tras una barca hinchable naranja, la que se suele tener aunque yo nunca he tenido una, y en cuanto conseguí alcanzarla era demasiado consciente de que había ido demasiado lejos.
Había nadado hacia dentro y en diagonal, estaba lejos de mi toalla, del niño que había nadado sin éxito y decidí hacer la gran estupidez: voy a estirar las piernas, a ver si hago pie. PERO CÓMO IBAS A HACER PIE, SEÑORA.
Me dio un susto y decidí fingir serenidad mientras volvía hacia la orilla arrastrando la dichosa barquita conmigo. ¿A ti te dieron las gracias? A mi tampoco. Y no es que buscase reconocimiento, pero siempre he visto a mi padre rescatar las colchonetas de la gente y supongo que es algo que tengo arraigado en mí.
Volviendo al juego.
Llevamos un par de semanas jugándolo en directo. Para mi sorpresa, aunque me haya dado algún que otro susto, la experiencia está siendo muy distinta y hasta disfrutable. Creo que en parte es porque estoy acompañada de mi pequeña comunidad, personas que me ayudan y me animan a arriesgarme. A fin de cuentas, solo es un videojuego.
Pero me parece bastante interesante estar jugando a algo que hace un tiempo cerré de golpe y prometí no volver a tocar. Y no solo eso, sino disfrutarlo lo suficiente como para querer continuar.
Si algo me está enseñando el Subnautica, es que los miedos son miedos mientras están lejos de la realidad, en nuestra telaraña de pensamientos. Una vez los enfrentas, vas tomando confianza, vas explorando un poquito más, un poquito más… Hasta que el bicharraco que te arrancó un susto un día ahora es observado con unos ojos llenos de curiosidad. (vídeo).
Aunque si a mí me preguntas, el océano es algo que siempre me va a dar pánico. Y sinceramente, espero no tener que enfrentar nunca ese miedo. Por ahora, mejor que se quede solo en un videojuego. A través de una pantalla. Ya sabes. Al mar hay que tenerle respeto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario