martes, 13 de agosto de 2024

Nuestra hipocresía en las redes

Parece ser algo común el quejarnos como sociedad sobre algo y luego, a la hora de la verdad, hacer justo lo contrario. Obviamente esto es algo muy genérico (si no fuese así, no podríamos hablar de prácticamente nada) pero yo quiero hablar de ello desde un punto bastante concreto. 

Desde que tengo uso de razón he escuchado en numerosas ocasiones quejas sobre cómo nos hacen ver a las personas famosas. Cómo nos las muestran en películas, series, anuncios y en cualquier ámbito en base a unos estereotipos muy marcados. No solo hablo del tema físico y del único tipo de cuerpo que, por ejemplo, nos hacían ver constantemente a las mujeres (que también). Sino que me refiero, además, a esos programas donde se veían (o se ven) las vidas de personas famosas, con mucho dinero y unas situaciones y circunstancias muy alejadas a lo que casi cualquiera de nosotros podría aspirar. *auch*. Aquello que, a fin de cuentas, son los - influencers - de hoy en día.

Por suerte - o por desgracia - parece que poco a poco las personas han ido reivindicando *en redes* (es un punto importante porque en las redes se dice "x" pero en la calle se dice "y") la necesidad de tener más realismo en las mismas. La necesidad de tener referentes que nos enseñen que desayunan un colacao y no un té matcha, que tengan algunos trastos de por medio en sus enormes casas, que se laven la cara con agua y jabón y, quizá, un producto extra (ynolosquinientoscincuentamilproductosqueusan) *perdón*.

Todo parece ir bien y es muy bonito, ¿verdad? Seguramente te preguntes: Pero entonces, ¿cuál es el problema? Si todos quieren más realidad porque la vida no es, normalmente, como la que enseñan la gran mayoría de referentes de internet...

Pues el problema radica en que a la hora de la verdad, a la mayoría (seguimos generalizando, que ahora que hay que ir con pies de plomo al soltar cualquier cosa por internet), le gusta mucho más ver lo preciosa que es la vida de Juanita de las Flores que vive en un chalet de lujo en las montañas y viaja tres veces al mes, a ver la vida de Gertrudis que no te puede aportar nada novedoso ni diferente porque tiene una vida similar a la tuya. De hecho, incluso tú misma o tú mismo vas a intentar que todo se vea magnífico y espectacular cuando lo vas a mostrar en redes.

Y ahí, ahí es donde entra nuestra hipocresía en este mundo de redes e internet. No importa que te quejes de la falsedad de esa gente que parece tener una vida perfecta (y que no la tiene, porque nadie la tiene) si luego todos tus "siguiendo" se basan en ese tipo de personas. Y ellos, por supuesto, tampoco es que tengan el peso de la culpa. Al final, uno mismo decide qué quiere compartir y de qué manera hacerlo en internet. ¿Agradeceríamos más realismo por su parte? Claro que sí, y algunos se están abriendo poco a poco a ello. Pero al final es cada uno quien decide qué y cómo hacer las cosas.

Pero aquí no he venido a hablar de ellos, he venido a hablar de nosotros. Todo el mundo puede cambiar de parecer, lógicamente. Quizá hace unos meses odiabas esas rutinas de "skin care" con esos cientociencuentamilquinientostres productos, y ahora estés encantada o encantado con ellos. Pero has caído, tú, yo y mucha gente que antes lo rechazaba. Porque al final, esas cosas son modas. Y si lo hacen los más seguidos, lo acabará haciendo la sociedad. Esa sociedad que quiere más realismo en sus vidas pero bebe de lo que no es tan usual en ellas. 

En realidad, podemos preferir ver ese tipo de vidas por muchos factores. Porque nos da igual tener una vida diferente a las suyas y lo vemos como algo curioso, porque nos apetece ver ese contenido que ofrecen sobre cosas que quizá no están a nuestro alcance y, por ello mismo, volvemos a tener curiosidad, porque es bonito ver nuevos paisajes, sus "outfits", porque realmente nos caen bien esas personas o, también, simplemente porque nos apetece verles y luego abrir Twitter para ponerles verdes. Pero será una realidad que, a la hora de la verdad, muchos de nosotros intentaremos imitarles.

Sea como sea, la gente no se hace famosa sola. A la gente la hace famosa otra gente. Gente como tú o yo. Si todas las personas influyentes siguen un mismo patrón, ¿acaso no lo hemos recortado entre todos nosotros? No hay una verdad absoluta, ni un punto final sobre esto. No intentes darle la vuelta, ni tengo razón ni no la tengo. Simplemente es mi perspectiva de lo que me parece que sucede. Quizá en dos meses cambie de parecer porque, al fin y al cabo se trata de eso, de nuestra hipocresía en las redes.

1 comentario:

  1. Realmente opino lo mismo, somos lo que consumimos como individuos, y no es por quedar bien qué te doy la razón, es que, realmente lo creo. Pienso que es necesario que existan influencer de la vida real, no digo que cuentes tragedias, sino que le bajen un poco al brillo. Siento que hay mucha basura y estamos creando una sociedad basura a causa de eso. Y bueno me encanta leer y leerte. Caso 🫰

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