Los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. A Grace no le hizo ninguna gracia, quería dormir un poco más. Se dio la vuelta, esperando encontrar una postura más cómoda, pero ahogó un chillido cuando se cayó. Un montón de cojines le dieron la bienvenida en el suelo. Se incorporó, examinando su entorno.
Así que no ha sido una pesadilla.
La noche anterior había tirado casi todos los cojines del sofá. A pesar de tener una cama en la habitación, optó por dejarse caer en él.
No hay que perder las viejas costumbres.
Tras recoger el desastre que había creado con los cojines, se dirigió hacia el pequeño baño de la cabaña. Sobre el lavabo encontró algunos productos básicos de higiene.
Aquella habitación era asfixiante, pero necesitaba darse una ducha. Ignoró las ojeras que adornaban sus ojos mientras se recogía el pelo en un moño.
El agua caía sobre su piel y acariciaba las cicatrices de su espalda. No pudo evitar pensar en su madre: en su sonrisa torcida, su mirada decepcionada. Grace se prometió que no volvería a fallarle. Escapó de aquel cubículo y se vistió con lo primero que sacó del armario. Necesitaba respuestas y estaba dispuesta a encontrarlas.
Dejó la cabaña tras ella cerrando de un portazo y se encontró con unas vistas muy distintas a las de la noche anterior. El camino estaba flanqueado por flores blancas y, más allá, un gran bosque de secuoyas se alzaba, imponente. Grace bajó los peldaños del porche y cerró los ojos. La tranquilidad del ambiente se fusionaba en perfecta armonía con el cantar de los pájaros.
—¡Hostia! —Una voz masculina la sobresaltó—. ¡Esto es una pasada!
Al seguir procedencia de la voz se topó con un chico, de pelo corto y castaño, bajando por el porche de la que, supuso, era su cabaña. Sus miradas se cruzaron y él le dedicó una amplia sonrisa que Grace apenas correspondió. Se acercó hacia ella con las manos en los bolsillos. Se movía como si el lugar fuese suyo.
—Vale, a ti no te entusiasma tanto, lo pillo. —Ladeó la cabeza—. Soy Ethan, un placer.
—Grace. —Apretó los labios intentando sonreír—. Me gustaría llamar a mi madre pero no tengo el móvil, ¿me podrías dejar el tuyo?
Ethan soltó un largo silbido y miró a su alrededor, pasándose una mano por el pelo.
—La verdad es que yo tampoco tengo el mío. —Se encogió de hombros.
¿Es que no le preocupa?
Grace dio media vuelta y empezó a alejarse de él, dando grandes zancadas.
—¡Eh, espera! —Escuchó cómo se acercaban sus pasos—. ¿Tú sabes algo?
Casi chocaron cuando ella se paró en seco y le fulminó con la mirada.
—¿Si sé algo sobre qué? —Miró por encima de su hombro—. ¿Sobre este sitio?
Él asintió y esperó, expectante. El chirriar de una puerta les distrajo y una chica rubia salió de otra de las cabañas. Ethan levantó las cejas y soltó otro de sus silbidos. Estaba tan absorto en la chica, que no se dio cuenta de que Grace ponía los ojos en blanco y retomaba el trayecto. No tengo tiempo para esto.
Aunque quería alejarse de las cabañas lo más rápido posible, no tardó en ralentizar el paso. La brisa se colaba entre los árboles y hacia sonar sus hojas. Grace respiró profundamente y notó cómo el aire se filtraba en su cuerpo. Aquello no tenía nada que ver con su ciudad.
Una figura junto al camino la sacó de sus pensamientos. Por el uniforme, debía de tratarse de uno de los guardias. Vestía colores oscuros y lo único que tenía al descubierto eran los brazos y el cuello.
—Disculpe, necesito ayuda. —Esperó alguna respuesta por parte del guardia, pero no se movió—. ¡Por supuesto! Gracias por preguntar. —Se cruzó de brazos y empezó a dar golpecitos en el suelo con los pies—. Tengo que llamar a mi familia, ¿sabe si hay algún teléfono que pueda usar?
El guardia negó con la cabeza, sin mediar palabra.
—¿No hay teléfonos o no puedo usarlos?
No hubo respuesta. Grace apretó los puños y se alejó de él maldiciendo por lo bajo. A pocos metros de allí, un cartel de madera llamó su atención. Las palabras "cafetería" y "plaza" estaban escritas en dos flechas opuestas.
Genial, ¿y ahora qué?
Su estómago rugió en respuesta. Al parecer, iba a descubrir si aquella cafetería existía de verdad.
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