Esta entrada nace de la necesidad de escribir y no saber el qué. Algo que me sucede más de lo que me gustaría. Entre reflexiones varias e idas y venidas de pensamientos, se me ha cruzado una pregunta por la mente: ¿por dónde empiezan los escritores sus historias?
Curiosamente, todas aquellas historias que alguna vez he inventado o se han cruzado en las redes de mi mente, empezaban por el final. No se trataba de cómo se generaba un problema, sino de cómo se solucionaba, de cómo se desvelaba un "plot twist" o de cómo los personajes ya se encontraban al límite de una situación de la que no podían escapar. Y, casualmente, tejer el resto de la historia era aparentemente sencillo.
Sin embargo, imaginar es muy distinto a escribir. Hay algunos factores con los que no contaba cuando empecé con algunos guiones para mis historias de Los Sims (por algún sitio se tiene que empezar), y es que no es lo mismo un guion que una narración.
El primer problema con el que me encontré fue el tiempo verbal que iba a utilizar. Son tantas las lecturas que me han absorbido, escritas en presente, que creí que sería la opción más idónea para empezar. Cuando un libro está en presente, la incertidumbre y la tensión crecen, pues no sabes realmente qué va a pasar. Los personajes principales podrían morir, incluso cuando son ellos mismos los que narran la historia. Sin embargo, he leído historias en pasado últimamente, y hay algo que me atrapa en especial. Puedes crear esa misma incertidumbre jugando con el lenguaje.
Pero entonces, me encontré con otro problema: el narrador. ¿Iba a usar un narrador interno? La gran mayoría de libros que me han gustado están escritos en primera persona porque todos los sucesos los vivía en mis propias carnes. Y leí tanto que terminé juzgando de manera negativa el uso de la tercera persona por sentirla alejada de mí.
Sin embargo, algunos libros han hecho que esta idea cambie y ahora mismo disfruto de cada tipo de narrador. Tienen sus propias ventajas e inconvenientes y hay que elegirlos con sumo cuidado, pero desde luego los prejuicios que tenía se han desvanecido.
Me sorprende que estos dos aspectos tan básicos ya puedan suponer un martirio para aquel que quiera escribir una historia. No es más que la punta de un gran iceberg. También tienes que decidir qué quieres contar, quiénes son tus personajes, qué les ocurre, cómo se comportan, cómo se relacionan, qué cambios van a vivir y cómo va a terminar todo. Y de todo eso, lo que suelo tener claro es cómo va a terminar.
Eso no cambia el hecho de que siga teniendo dudas. ¿Hasta qué punto dejo que mis personajes tomen el control? Escribes, escribes y sigues escribiendo, mientras aquello que tenías claro se entremezcla con aquello que los personajes empiezan a pedir que suceda.
Y llega un momento donde tu historia no es solo tuya, sino también de ellos. En ese punto me encuentro y en ese punto me quedo bloqueada.
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