Parece ser algo comĂşn el quejarnos como sociedad sobre algo y luego, a la hora de la verdad, hacer justo lo contrario. Obviamente esto es algo muy genĂ©rico (si no fuese asĂ, no podrĂamos hablar de prácticamente nada) pero yo quiero hablar de ello desde un punto bastante concreto.
Desde que tengo uso de razĂłn he escuchado en numerosas ocasiones quejas sobre cĂłmo nos hacen ver a las personas famosas. CĂłmo nos las muestran en pelĂculas, series, anuncios y en cualquier ámbito en base a unos estereotipos muy marcados. No solo hablo del tema fĂsico y del Ăşnico tipo de cuerpo que, por ejemplo, nos hacĂan ver constantemente a las mujeres (que tambiĂ©n). Sino que me refiero, además, a esos programas donde se veĂan (o se ven) las vidas de personas famosas, con mucho dinero y unas situaciones y circunstancias muy alejadas a lo que casi cualquiera de nosotros podrĂa aspirar. *auch*. Aquello que, a fin de cuentas, son los - influencers - de hoy en dĂa.
Por suerte - o por desgracia - parece que poco a poco las personas han ido reivindicando *en redes* (es un punto importante porque en las redes se dice "x" pero en la calle se dice "y") la necesidad de tener más realismo en las mismas. La necesidad de tener referentes que nos enseñen que desayunan un colacao y no un té matcha, que tengan algunos trastos de por medio en sus enormes casas, que se laven la cara con agua y jabón y, quizá, un producto extra (ynolosquinientoscincuentamilproductosqueusan) *perdón*.
Todo parece ir bien y es muy bonito, ¿verdad? Seguramente te preguntes: Pero entonces, ¿cuál es el problema? Si todos quieren más realidad porque la vida no es, normalmente, como la que enseñan la gran mayorĂa de referentes de internet...
Pues el problema radica en que a la hora de la verdad, a la mayorĂa (seguimos generalizando, que ahora que hay que ir con pies de plomo al soltar cualquier cosa por internet), le gusta mucho más ver lo preciosa que es la vida de Juanita de las Flores que vive en un chalet de lujo en las montañas y viaja tres veces al mes, a ver la vida de Gertrudis que no te puede aportar nada novedoso ni diferente porque tiene una vida similar a la tuya. De hecho, incluso tĂş misma o tĂş mismo vas a intentar que todo se vea magnĂfico y espectacular cuando lo vas a mostrar en redes.
Y ahĂ, ahĂ es donde entra nuestra hipocresĂa en este mundo de redes e internet. No importa que te quejes de la falsedad de esa gente que parece tener una vida perfecta (y que no la tiene, porque nadie la tiene) si luego todos tus "siguiendo" se basan en ese tipo de personas. Y ellos, por supuesto, tampoco es que tengan el peso de la culpa. Al final, uno mismo decide quĂ© quiere compartir y de quĂ© manera hacerlo en internet. ¿AgradecerĂamos más realismo por su parte? Claro que sĂ, y algunos se están abriendo poco a poco a ello. Pero al final es cada uno quien decide quĂ© y cĂłmo hacer las cosas.
Pero aquĂ no he venido a hablar de ellos, he venido a hablar de nosotros. Todo el mundo puede cambiar de parecer, lĂłgicamente. Quizá hace unos meses odiabas esas rutinas de "skin care" con esos cientociencuentamilquinientostres productos, y ahora estĂ©s encantada o encantado con ellos. Pero has caĂdo, tĂş, yo y mucha gente que antes lo rechazaba. Porque al final, esas cosas son modas. Y si lo hacen los más seguidos, lo acabará haciendo la sociedad. Esa sociedad que quiere más realismo en sus vidas pero bebe de lo que no es tan usual en ellas.
En realidad, podemos preferir ver ese tipo de vidas por muchos factores. Porque nos da igual tener una vida diferente a las suyas y lo vemos como algo curioso, porque nos apetece ver ese contenido que ofrecen sobre cosas que quizá no están a nuestro alcance y, por ello mismo, volvemos a tener curiosidad, porque es bonito ver nuevos paisajes, sus "outfits", porque realmente nos caen bien esas personas o, también, simplemente porque nos apetece verles y luego abrir Twitter para ponerles verdes. Pero será una realidad que, a la hora de la verdad, muchos de nosotros intentaremos imitarles.
Sea como sea, la gente no se hace famosa sola. A la gente la hace famosa otra gente. Gente como tĂş o yo. Si todas las personas influyentes siguen un mismo patrĂłn, ¿acaso no lo hemos recortado entre todos nosotros? No hay una verdad absoluta, ni un punto final sobre esto. No intentes darle la vuelta, ni tengo razĂłn ni no la tengo. Simplemente es mi perspectiva de lo que me parece que sucede. Quizá en dos meses cambie de parecer porque, al fin y al cabo se trata de eso, de nuestra hipocresĂa en las redes.